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Capítulo 3: La vida de Arnau se complica por el deseo, la impotencia y las pérdidas

Capítulo 3: La vida de Arnau se complica por el deseo, la impotencia y las pérdidas
Capítulo 3: La vida de Arnau se complica por el deseo, la impotencia y las pérdidas

En el tercer episodio de ‘La catedral del mar’ hemos visto el salto en el tiempo esperado por quienes antes se han leído el libro. La vida de Arnau se ha vuelto mucho más complicada.

Se cierra una etapa en ‘La catedral del mar’ con este tercer episodio. Un tercer episodio en el que se ha perdido algo de la fuerza que vimos en los anteriores, pero que debemos tomar como una especie de transición hacia lo que está por venir. Al fin y al cabo, hemos despedido a quien hasta el momento había sido el personaje principal y tenemos que conectar de verdad con quien nos acompañará desde este instante: Arnau.

Bernat, el padre de Arnau y un protagonista que no olvidaremos, ha sido ejecutado tras robar el trigo que las clases bajas necesitaban para subsistir, empezando así una revolución que lideró en varios aspectos. La guardia no perdonó su atrevimiento, ni su valentía, ni lo que tomaron como un delito. Así es como Arnau, también Joan, ve morir a su padre: colgado delante del pueblo. Aunque se las apaña para conseguir quemar su cadáver y que no quede pudriéndose durante días, esa imagen siempre permanecerá en su cabeza.

Huyendo de la guardia tras esta quema, Arnau termina en la iglesia consagrada a María del Mar, donde presencia un robo que ayuda a resolver. Los bastaixos, que ya conocían al muchacho y habían comprobado su valía, le animan a unirse a su cofradía como uno más; para ello, necesita transportar una primera piedra sin ayuda de nadie. Así es como comienza su nueva vida.

Y así vimos el gran salto en el tiempo. Nos despedimos de Bernat (y de Daniel Grao, poderosísimo en estos primeros capítulos) y damos la bienvenida a un Arnau adulto interpretado por Aitor Luna (excelente elección). Arnau es un bastaix consagrado que sigue viviendo con Joan, a quien considera verdaderamente un hermano. Ambos sobreviven como pueden, sufriendo penurias, pobreza y una vida más bien monótona. Hasta que un nuevo personaje entra en escena.

Se trata de Aledis, que llega con toda su familia a la casa en la que los hermanos viven. Arnau solo necesita mirarla una vez para entender que va a pertenecer a esa mujer de por vida, y lo mismo le sucede a ella. ¿El problema? Que no están destinados. El padre de Aledis tiene otros planes para ella (casarle con su maestro) que cumple sin que ninguno pueda ejercer una oposición efectiva. Deben separarse, pero el deseo es mucho mayor que las imposiciones externas y terminan entregándose el uno al otro siempre que tienen oportunidad. No viven, sin embargo, la vida que quieren vivir, y eso les lleva a poseer una continua sensación de rabia y de impotencia. ¿Por qué ellos no pueden y otros sí?

Esta impotencia domina y dominará la vida de Arnau durante mucho tiempo. Aunque es un buen hombre, un hombre honrado que ha aprendido de su padre, aunque trabaja durante horas y se gana cada miga de pan que se lleva a la boca, no puede acceder a ciertas cosas que hombres de gran posición tienen al alcance de la mano. Hombres de gran posición como su tío, aún al frente de la familia que le destrozó la vida. Tampoco a ellos los olvida.

Pero ¿qué debe hacer? ¿Aguantar, agachar la cabeza y callar ante quienes están por encima? Esta es otra pregunta que le perseguirá y que tendrá un importante peso en los años venideros.

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