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Daniel Day-Lewis y su enfermedad por la interpretación

Daniel Day-Lewis y su enfermedad por la interpretación
Daniel Day-Lewis y su enfermedad por la interpretación

Considerado como el mejor actor vivo, Daniel Day-Lewis ha decidido abandonar la interpretación de forma definitiva. Parece que ha llegado su momento. Y es que cada uno de sus trabajos se ha llevado un poco de él. Esta es su gran enfermedad por la profesión. ¡Entra!

Nadie ha conseguido hacer lo que él hace frente a una cámara. Podríamos decir que Daniel Day-Lewis no es un intérprete de personajes, sino que es un creador, un constructor de los mismos. El británico, irlandés de corazón, es la viva imagen de una persona entregada a su profesión hasta un punto enfermizo, según él mismo ha llegado a confesar en alguna ocasión.

Ahora, ha llegado el momento de decirle adiós. En pleno rodaje de su última película, ‘El hilo invisible’, Daniel Day-Lewis admitió lo que probablemente sabía internamente desde hacía tiempo y anunció su retirada, dejando huérfanos a todos los amantes del cine. El mejor actor del mundo, el mejor actor vivo, se despide de nosotros con un personaje que, como ha ocurrido con todos los de su carrera, se ha llevado una parte de él.

Fuentes cercanas a su entorno han llegado a confirmar que a partir de ahora el británico dedicará su vida a la moda, un mundo que habría terminado de descubrir a través de Reynolds Woodcock y que le habría fascinado tanto como para dejarlo todo. Una prueba más de que a la hora de crear un personaje no sólo lo estudia a fondo, sino que se transforma completamente en él. Un método que llega a ser perjudicial para su salud física y psíquica.

En este caso, Daniel Day-Lewis aprendió a coser y se acercó a figuras de la moda como Balenciaga, pero no es ni mucho menos la primera vez que bucea en el profundo mundo de sus personajes. Sin ir más lejos, para llegar a regalarnos su maravillosa interpretación en ‘En el nombre del padre’, durmió en una prisión abandonada durante todos los meses del rodaje y, además, optó por comer exactamente la cantidad que comían los presos de esa época.

Aprendió checo para acercarse al mundo de ‘La insoportable levedad del ser’, cogió una fuerte neumonía por culpa de la poca ropa de abrigo que se llevaba durante la Guerra de Secesión de Estados Unidos, lo único que vestía durante el rodaje de ‘Gangs of New York’, y aprendió a vivir en silla de ruedas para transformarse en Christy Brown en ‘Mi pie izquierdo’, una interpretación arrebatadora que le valió su primer Oscar.

Siempre, desde que se introdujo en esta profesión, que para él ha sido más una pasión, su vida entera, ha afrontado todos los proyectos con seriedad y con una entrega total. Por eso, cada uno de ellos se ha llevado un pedacito de su alma, a la cual parece que no quiere renunciar más. Reynolds Woodcock ha marcado su final, con esa sensación melancólica que nos transmite el personaje, y ha sido la prueba definitiva de la gran enfermedad que padece este actor. Un amor enfermizo por la actuación.

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