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Querido Mystic Falls:

Querido Mystic Falls:
Querido Mystic Falls:

«No puedo volver si nunca me he ido. Prometo nunca dejarte, velar siempre por ese reloj, tomar chupitos de granadina cual sangre, bajarme botellas de bourbon en honor a los caídos (…)». Carta a Mystic Falls.

Querido Mystic Falls:

Hemos hecho un largo camino juntos. Es difícil escribir esta carta, dedicarte un último espacio de mi voz y trasladarlo a palabras, palabras que quizá te lleguen, o quizá nunca sientas. Has cumplido 8 años, aunque lleves fundada desde 1860. Permíteme que cuente tu edad en los años conmigo. Creo que ahí empezaste a vivir, pues siempre estuviste rodeada de muertos. Por tus calles se han paseado seres malditos, seres sin corazón, entes perdidos, que si bien caminaban, su fecha de fallecimiento quedaba bien lejana. Pero en cualquier caso, el motivo de esta carta es otro.

Estoy aquí para decirte que en realidad has sido una privilegiada. En tus tierras nacieron ellos, los Originales, el principio de todo. Fuiste testigo de una infidelidad, de una plaga, de un hechizo de fertilidad. En tu suelo creció el roble blanco y diste cuidado a una generación que lo cambiaría todo, en su siglo, y en muchos otros. Recibiste a una Petrova, esa que se hizo apellidar Pierce y la viste enamorar, jugar, traicionar, envenenar con su sangre los organismos de dos hombres. Viste cómo ellos eran asesinados por su propio padre y volvían a la vida, para ir y venir durante sus eternos años. Nadie más que tú puede presumir de haber visto la inmortal amistad entre Lexi y Stefan, pues fue en tus bosques que el Ripper necesitó auxilio de una voz coherente. Sufriste la llamada de la Guerra Civil pero te iluminaste con cada fiesta, con cada baile, con cada fundador.

Tu historia está tan bañada de luz como de oscuridad. Viviste tantas cosas que te envidio. Ojalá poder ver cada instante, cada segundo de tu historia que 171 capítulos no pueden abarcar. Por tu instituto corrieron unas pequeñas Caroline, Bonnie y Elena y en tus pasillos la última se enamoró de un chico rubio llamado Matt. Pero aunque disfrutarías de sus prematuras amistades, de casa para dentro, desestructuradas familias embaucarían sonrisas y las tornarían en lágrimas. Tyler tendría un padre duro, Caroline uno que la abandonaría, Matt otro que se iría temprano de su hogar. Bonnie vería su apoyo en su abuela, Elena en sus padres adoptivos. Aunque muchos no lo sabían, tú, pícara, sí sabías sus secretos más recónditos. Sabías del placer oculto del padre Forbes, del vicio de la madre Donovan, del abandono de dos padres a un retoño que crecería en una mentira. En resumidas cuentas, les verías crecer, pero también perder todo lo que más amaban.

Caía la noche cuando, cierto día, de forma amarga, viste como aquel coche se despeñaba, se salía del puente y se sumergía en el agua. Esa noche viste dos cosas: La primera, que una niña se convertía en mujer fruto de la tragedia. Necesitaste restablecer el equilibrio y la balanza solo se podía corregir con el regreso de esos dos hombres que tiempo atrás viste nacer, madurar y estancarse en el tiempo. La segunda cosa que viste fue que era el momento. El momento de invitarnos a vivir este viaje. Llevabas demasiados años sola, Mystic Falls. ¿Cómo aguantaste tanto dolor, como soportaste tanta pena y destrucción? Supongo que como nosotros: Lo bueno pesaba más.

Nos enseñaste tantas cosas, que no hay forma de enumerarlas. Nos enseñaste a creer, a querer, a evolucionar. El primer amor puede ser inolvidable, pero no el único y, con cierta probabilidad, no el adecuado. Díselo a #Stelena, díselo a #Tyroline. No todas las amistades empiezan en el colegio. Otras llegan después, entre remordimiento, odio y rencor. Ya lo reza el dicho, «del amor al odio hay un paso«. Díselo a #Bamon, a #Dalaric. Tampoco un hasta pronto significa un adiós. Nadie sabe si algún día, de forma inesperada, en el lugar más insospechado, una joven atada a la eternidad se cruzará con el hombre que le prometió ser su último amor. Pero aquí, Mystic Falls, con tu permiso, tendrás que cederle el testigo de los acontecimientos a otra ciudad. Será en ella que vivamos esa historia.

Esta carta no es solo un recordatorio. También es un agradecimiento. Gracias por recibir a tantos épicos personajes, escuchar tantos increíbles diálogos y forjar tan inolvidables relaciones. Nos has sorprendido en cada capítulo, has dado giros de película, nos has dejado sin habla y por varios momentos nos sentimos vampiros, pues cuantas veces nos sacaste del pecho el corazón. Nos has hecho reír, ser felices, enamorarnos. ¡Pero guao! Tienes el récord en lo que a lágrimas se refiere. Ahí te has pasado, Mystic Falls. ¡Cuánto nos has hecho llorar! Pero por una buena causa y solo por eso te lo perdono. Lo has hecho bien, el viaje ha valido la pena, cada paso, cada decisión, cada beso, cada abrazo, cada golpe, cada muerte, cada sacrificio. Todos y cada uno de los acontecimientos de los que nos hiciste partícipes fueron clave, y no solo en la vida de Damon, Elena y Stefan -y todos los demás-, sino en nuestras vidas. Nos quisiste unir tanto a esta historia que el dolor se volvió demasiado real, pero no solo el dolor, también la alegría.

Ahora todo ha terminado. O eso nos quieren hacer creer. Se piensan que porque no haya más temporadas, que porque la emisión haya finalizado, te vamos a superar. Ilusos ellos. Esto no se supera. Al contrario, se te queda en el cuerpo con la misma duración que la vida de un vampiro.

Prometo volver. Mentira. No puedo volver si nunca me he ido. Prometo nunca dejarte, velar siempre por ese reloj, tomar chupitos de granadina cual sangre, bajarme botellas de bourbon en honor a los caídos. Pasearé por tus bosques, visitaré cementerios, escribiré diarios. Recordaré cada explosión vivida en tus calles y cuando necesite espacio avisaré de una fuga de gas, así estaremos tú y yo solos. Me vestiré de gala en cada fiesta de los Fundadores, cortejaré a la pareja con una de esas danzas que aún sin tocarse, sentimos al otro como nunca antes. Me quedaré contigo y te recomendaré a tantas personas como me sea posible. Mucha gente necesita conocerte, aunque no lo sepan aún. Lo reconozco, has sido épica. Llegar a ti ha sido un regalo maravilloso. Me cambiaste la vida y es justo que se la cambies a otros.

Gracias por llegar, gracias por despedirte, pero el viaje continúa.

Hasta siempre The Vampire Diaries. Hola de nuevo, Mystic Falls.

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