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‘The Walking Dead’, un final amargo y un nuevo mundo

‘The Walking Dead’, un final amargo y un nuevo mundo
‘The Walking Dead’, un final amargo y un nuevo mundo

La octava temporada de ‘The Walking Dead’ ha llegado a su final con la promesa de una nueva era en la serie que, sin embargo, no ha gustado demasiado. Dentro analizamos este último capítulo mientras pensamos en el futuro.

Final de la octava temporada de ‘The Walking Dead’, una temporada que si bien ha recuperado ciertos elementos de la serie que nos conquistó hace años sigue teniendo sus carencias, sigue perdiendo espectadores y sigue resultando incomprensible en ciertas decisiones. Este episodio en cuestión es un ejemplo de todo esto.

Llegaba el momento de poner fin a la guerra contra Negan. Después de dos temporadas, cabía esperar que la resolución de esta batalla fuera definitiva y no una excusa para seguir con más temporadas, pero lo cierto es que se ha sentido como esto último. Rick Grimes ha querido dar a ese mundo que ahora parece suyo una sólida lección, pero no ha convencido. Vamos por partes.

En primer lugar, Eugene. La familia liderada por Rick y los Salvadores se enfrentaban en una gran guerra en campo abierto en la que todo estaba por decidirse; sin embargo, la balanza siempre se inclinaba un poco más hacia los tipos malos, ahora que podemos volver a distinguirlos. Ha sido Eugene quien ha marcado la diferencia, demostrando de qué lado había estado siempre: había saboteado las pistolas que iban a usar los Salvadores para que hirieran a éstos y no a sus enemigos al ser disparados. ¿Batalla ganada?

Quedaba el asalto que todos esperábamos: Rick contra Negan. Cuando se encuentran frente a frente, todo parecía dispuesto para que tuviéramos ese final que esperábamos desde hace mucho tiempo, aunque es cierto que despedirnos de Negan también se nos hacía un poco cuesta arriba. Al fin y al cabo, es uno de esos personajes que todavía no se han perdido en ‘TWD’.

Después de que Rick le transmitiera el mensaje de paz que le había legado Carl antes de morir, ocurría lo esperado: no era una tregua, ni era un tratado de paz, ni era una alianza, solo era una distracción. Y Rick le cortaba la garganta a Negan. ¿Se acabó?

No, porque después de hacerlo le salvaba la vida. Al menos, ordenaba que otros lo hicieran mientras proclamaba el nuevo orden del mundo, la nueva era: se acabaron los Salvadores y quienes quisieran seguir con vida debían unirse a ellos y construir el mundo que Rick ha querido construir desde la primera temporada. Es decir, no había venganza. No había venganza para Glenn ni había venganza para Abraham, para Sasha, para tantos otros. Había algo de paz para Carl. La pregunta es la siguiente: ¿qué queremos, venganza o paz?

Por parte de Maggie, lo tenemos claro. Después de cuánto ha perdido, después de cuánto ha luchado, no se conforma con ver a Negan en una celda durante el resto de su vida, como ha anunciado Rick. Quiere más. Y eso le lleva a conspirar contra su amigo, contra su familia, teniendo de lado a ciertos personajes y dividiéndolos de esta manera. ¿Nos gusta este nuevo rumbo que toma ‘The Walking Dead’? No demasiado, aunque puede resultar interesante.

Y esto es lo más relevante que ha sucedido. Los seguidores de la serie no se han mostrado demasiado satisfechos con un final que prometía mucho y que se ha quedado en poco. Y, claro, es sorprendente que no haya habido muertes. Ni una sola.

Y hasta aquí la octava temporada. Todavía queda para la novena, pero ya estamos pensando en ella. Aunque no con la ilusión que nos gustaría tener teniendo en cuenta que ‘The Walking Dead’ siempre ha sido una de nuestras series favoritas.

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